Centroamérica es una región que personifica la importancia del café en todas sus dimensiones. Su paisaje natural y sus matices culturales tienen mucho más sustento que ofrecer que el que se ha usualmente restringido a la producción agrícola. El turismo surge ahora como una alternativa para diversificar los ingresos de la familia productora.
Las organizaciones productoras de café requieren reconvertir y recurrir a otras fuentes de ingresos que muchas veces implican estrategias adaptativas diversas. Es así como las fincas de café no solo servirían para "exportar" el dorado grano si no también para “importar” turistas y generar ingresos complementarios. En la region ya tenemos experiencias en las que algunas organizaciones han adaptado su infraestructura para generar una nueva dimensión en la economía de la región; el Agro-eco-Turismo.
Algunos ya están aprovechando la propensión social manifiesta hacia el patrimonio natural y rural, que se complementa con el nuevo estilo de vacaciones que busca huir del encierro de un "resort" en aquellos lapsos cortos y fuera de temporada. La idea es invitar a turistas ansiosos por compartir realidades y complacer tanto a los aficionados de la ecología y del medio ambiente, como a los que buscan ser reconfortados con la vista de las diferentes tonalidades del verde.
Desde Guatemala hasta Costa Rica, algunos productores y sus familias ya hacen gala del arte del hospedaje y la comilona, expertos en lucir su cultura y magos de los fríjoles, chicharrones, tortillas y dulces. Su encanto va más allá del olor a café, de las montañas que se funde con la Madera en el silencio de las nubes y en la sensación de bienestar de poder compartir una buena taza de café.
Por ejemplo en la finca de Flora Montenegro, una familia puede pasar una noche en uno de estos escenarios por sólo US$30. Tres días no sobrepasan los US$200 por familia, y una finca mucho más grande, como para veinte personas, sale por US$150 diarios.
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12 noviembre, 2007
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